viernes, 26 de diciembre de 2014

Cuéntame tu historia #1

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Ficha de Personaje
Nombre: Marco.
Físico: castaño oscuro, ojos marrones, andar desgarbado.
Personalidad: fuerte, frío.
 ❝ Entre tinieblas estaba yo, 
en la oscuridad vi mi reflejo crecer,
cada día que pasaba, mi corazón se vaciaba,
cada corte que me daba, mi corazón se dañaba.
Pero te encontré observándome
cuando en el limite estaba, 
estabas deseando sanarme, 
y con tu amor me salvaste. ❞  

A partir de un pequeño trozo de canción, mi vida dio un giro de 360°, volteando mi mundo y haciéndome ver todo, mi vida, mí alrededor, mi pasado, presente y futuro, de una manera diferente.
Desde que tengo memoria, el sufrimiento envolvía mi vida, llevándome entre la ira y la tristeza, entre el dolor y el temor, entre palabras y complejos, llevando a vaciarme tanto que buscaba desesperado llenarme de algo, cualquier cosa, no importando qué. Yo lo vi como algo insignificante dentro de mí, pero eso solo incrementaba toda la oscuridad y dolor que me rodeaba, como si una serpiente me envolviera y apretará para romperme en miles de pedazos, con momentos en los que el enojo venía a mí y terminaba desgarrando mi piel, lastimándome a mí mismo y las personas de mi alrededor. Algo en mi me aislaba y no me permitía correr hasta quedarme sin aliento hacia la luz que necesitaba, hacía la paz de una vida normal y sana. Me convertí en una estatua cubierta de hielo, que vagaba desgarbadamente en busca de algo lejano, aún más lejano que el sol. Se veía tan lejano que me enfermaba con solo pensarlo y furioso, caminé por la ciudad en ese agrio y gris día que estaba cubierto por nubes llenas de lágrimas y gritos preparados para ser lanzados al mundo, hacía mí, para compartir su dolor conmigo y juntos animarnos a dar un paso más, un difícil paso hacia atrás. Fue allí, entre la lluvia y los truenos desesperados que me comencé a romper.
— ¡Marco! ¡Marco! —escuché entre el viento que azotaba mi mente y mi cabello mojado, sin permitirme oír de dónde venía esa voz que me llamaba.
Caminaba en dirección a casa, hacía la seguridad y conformidad de mi habitación para destrozar nuevamente todo lo que hubiese allí, pero choque con alguien y ambos caímos en el cemento frío y lleno de charcos.
— Marquito, te estaba buscando —dijo una voz horriblemente familiar—. Quería que me acompañaras hoy a ver ese concierto del que te conté.
Mi hermano mayor, Luca, me acercaba la mano para ayudarme a levantar, pero enojado se la aparté y me paré yo mismo. Con su tonta sonrisa me miró tan felizmente que quería vomitar sobre él, pero él me agarró fuerte del brazo y me llevó a su departamento a cambiarnos, sin dejar de hablar de cosas molestas en todo momento, a regañadientes me vestí con ropa seca. Pero no dejaba de pensar, no sé cómo rayos se le ocurría querer ir a algún lado conmigo, justo conmigo, que lo odiaba con todo mi ser, pues siendo el chico perfecto que es, me dejó de lado para conseguir su vida feliz, dejando que me maltratarán con fuertes palabras y me echara a los vicios, donde la oscuridad de la noche me aceptó tal y cómo era, lleno de heridas y huecos en mi alma. Jamás me dieron lo que pedí, ni de niño ni a mitad de mi adolescencia, pero tenía claro e incrustado en mi cabeza que no los necesitaba a pesar de que lo que habían sembrado dentro mío me detenía como una enredadera con espinas, dificultando mi andar en mi vida diaria, llevándome por caminos equivocados pero agradables.
— Vayamos rápido, Marco, ¡que llegaremos tarde! —dijo Luca nervioso y con su asquerosa sonrisa en el rostro.
Lo miré y me vi a mi mismo, pero con varios años más, con el mismo cabello ondulado castaño oscuro y los mismos ojos marrones que heredamos de nuestra madre, que nos abandonó de pequeños, para irse con otro hombre a formar una nueva y mejor familia en un lugar desconocido, dejándonos con nuestro problemático padre y el odio que se mezclaba entre la tristeza, malos recuerdos asomaban sin detenerse a mí y no pude contenerme más en ese momento. Una vida horrible la mía, llena de malas decisiones alrededor.
— ¡¿Pero qué rayos intentas arrastrándome a algún lugar, luego de abandonarme con ese demente de padre que tenemos?! —grité furioso.
— Marco, eso... —se detuvo un momento angustiado—. ¡Vamos! Que tenés que venir al evento sí o sí, ¡es importante! —me gritó mientras me llevaba al estacionamiento para montar nuevamente su automóvil, con el cual nos llevó a un gran edificio en el centro, guiándome luego hacía su entrada—. Rayos, ya comenzó —dijo mientras entrabamos por unas enormes puertas.
Apenas antes de cruzar la puerta, alcancé a leer el cartel de la entrada que decía iglesia cristiana, no pude no pensar en la locura que estaba por suceder, desde pequeño todo lo que sabía de la iglesia y Dios era que era algo horrible, un escape alternativo innecesario y principalmente la iglesia estaba llena de formalidad y molestias. En el interior del edificio, todo estaba oscuro, decorado con luces de colores y grandes pantallas que cambiaban de imágenes sobre un escenario donde una banda tocaba rock, sin poder creer lo que veía, me sentí desorientado, miré sorprendido a mi hermano y esté me devolvió una sonrisa.
— ¿¡No te gustaba el rock, Marquito!? —me gritó al oído, a causa del alto volumen de la música.
Personas saltaban y cantaban, entonces presté atención a la letra de la canción y me di cuenta que hablaba un poco de mí, sobre lo que me pasaba y una solución que jamás me quise probar, por temor a los posibles y al creer en que jamás nadie querría a alguien tan roto como yo. Y eso me llevo a alejarme de la solución correcta, desde que había perdido el sentido de lo que estaba bien o mal, todo había ido a peor dentro de mí, las pequeñas batallas internas eran enormes y en ese instante, sentí todo mi odio irse, toda la tristeza y soledad, los complejos y el miedo se fueron, dejando un enojo hacía mí mismo, que a pesar de lo malo y bueno que tenía en mi vida, me comporté débilmente y me cegué entre mentiras que florecían dentro mi sin saber de dónde provenían, sin pensar bien las cosas, sin darme cuenta de todo lo que realmente sucedía. Al terminar la última canción, mi hermano me dio una gran sonrisa que no pude evitar responder con otra sonrisa y me abrazó.
— Marco, sé que te tuve muy solo estos años, pero hoy por fin pude conseguir los papeles necesarios para que puedas venirte a vivir conmigo hasta que seas mayor de edad, hermano. ¿Qué me dices? ¿Quieres venir conmigo? —me dijo como si nada, y yo completamente sorprendido, lloré como un niño y nos abrazamos como cuando era pequeño y el venía a rescatarme de papá. Mi hermano mayor siempre me salvaba y ayudaba de manera raras, pero yo no lo veía de tal manera hasta entonces, no había comprendido el dolor que el sentía y lo vi como alguien fuerte e insensible, por querer seguir esa ilusión me fui por un mal camino. Pero el concierto, la decisión de mi hermano, la esperanza conseguí, el amor único y especial que buscaba y me perseguía invisiblemente, me salvó de tantas cosas malas que tenía destinadas y eso me llena de alegría.
Ahora, viajando en tren para visitar a mi hermano, oigo en mi mp3 las canciones de esa banda que me conquistó, recuerdo esos días de mi adolescencia y sigo enojado conmigo mismo, me dan ganas de volver en el tiempo y hacerme entrar en razón antes de todo, antes de comenzar a ver mi vida desde un mal punto de vista. Aunque jamás olvidaré ese concierto que dio inicio a un proceso de cambio en mi vida, llevándome a escoger el mejor camino hacía la luz que había perdido, haciéndome fuerte y dejándome sentir que podría cantar esa vieja canción a alguien más que esté pasando por lo que yo pasé.

FIN

2 comentarios:

  1. Un relato muy emotivo y con un bonito trasfondo: el despertar de una persona y tener además la voluntad de querer ayudar a otros que se encuentren en su anterior situación. El mensaje es muy esperanzador :).

    Saludos!

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    Respuestas
    1. Hola, gracias por tu visita.
      Me alegra tu comentario, creo que cualquiera puede poseer la voluntad y capacidad para ayudar a otros luego de superar alguna situación difícil :)
      Saludos~

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