miércoles, 18 de febrero de 2015

Cuéntame tu historia #4

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Ficha de Personaje
Físico: estatura pequeña, ropa vieja, desgastada y rota (sudaderas grises, vaqueros negros, camiseta monocolor).
♦ Personalidad: sumisa, callada, silenciosa, deprimida.
Edad: 15 años.
Dolor esperanzado
Silencio. El vacío interior se expandía desde lo profundo de mi mente, ramificándose por todo mi cuerpo, un vacío que generaba la necesidad de sentir, un amor falso, un grito callado, un corte superficial y las palabras 'sentir es vida' aparecían provocando en mi interior el deseo de confirmarlo, confirmar que estaba viva. Un recuerdo navegando en mi interior de lo que alguna vez podría haber sido se convertía en una esponja de alambre en mi garganta sin permitirme llorar ni gritar, solo sentir el dolor y el silencio que rompía mis oídos y me llenaba de terror.

Desde mi infancia el dormir se había convertido en una tarea molesta y mientras más tiempo mis ojos estuviesen abiertos sin procesar el día horrendo que había vivido, mejor me sentía, porque cada vez que mi mente se relajaba todo fluía a través de mi atravesándome como firmes espadas de hierro oxidado y el sueño se convertía en pesadillas que me despertaban con temor de volver a cerrar los ojos, pero el cansancio siempre vencía. Mientras estaba consciente y despierta, en algún momento la escuela se había convertido en mi primer escape, ya que en casa siempre había alguien intentando actuar como el jefe de una manada, dando órdenes para todo y por todo, casi obligando a uno a sufrir un castigo por solo respirar su mismo aire, y el solo hecho de atravesar el lumbral de la entrada de la escuela era una victoria silenciosa en mi interior que se desmoronaba lentamente.

Aunque solo era una muchacha de quince años y me era fastidioso tener prohibido trabajar por mi edad o pedir para comprar la ropa que estaba de moda, mi padrastro siempre aparecía con bolsas de ropa usada que me entregaba para escoger qué usar cada vez que notaba que utilizaba la ropa que había sido alguna vez de mi hermano mayor. Mis ahora geniales pantalones negros desgastados a la perfección, sudaderas en diferentes grises de lo viejas y camisetas solidas apenas rotas eran para él algo depresivo y vergonzoso que seguramente le recordaba a mi hermano que huyo a otro país escapando de los vicios de nuestro padrastro, huyendo para vivir una nueva fase en si vida. Para mi esa ropa 'moribunda' eran un símbolo de fuerza que me animaba a continuar viviendo la vida que tenía, dándome esperanzas de que habría un final y permitiéndome sentirme cómoda a dónde fuera, pero a dónde fuera las cadenas invisibles aún envolvían mis manos y cuello como pesadas pulseras y collares que me limitaban hasta cierto borde del acantilado, sin permitirme volar en verdadera libertad, siempre haciéndome desear cruzar ese límite transparente que veía como a través de una ventana abarrotada.

En este día soleado de verano, con todos caminando hacía sus metas, podía verse en mí una decisión marcada en mi rostro con un raspón en mi mejilla derecha y una sonrisa intentando escapar de mí, una decisión que me fortalecía y me animaba a terminar de una vez con esta vida que me conquistaba y atrapaba, a partir de dar forma a esa decisión yo destrozaría los eslabones que me ataban al vacío que se producía en mi interior. Por cada paso que daba, algo llenaba el vacío, mi decisión se endurecía en mi mente y la lucidez me envolvía deseando explotar en cualquier momento y transformar todo mi alrededor. Hoy era el día que había esperado, el fin de mis días de depresión y angustia, el fin de la tristeza y el vacío, el día que vomitaría el alambre de mi garganta y este día lo volvería a ver, vería su sonrisa resplandeciente de victoria y una promesa cumplirse.

Cuando llegué al parque central, allí estaba él con ropa limpia y cuidada, el cabello peinado y con su gran sonrisa mientras me observaba caminar hacia él pero cuando me di cuenta de lo que estaba por suceder, tropecé y caí al suelo mientras me reía de mi misma, lloraba y lo veía acercarse con cara de preocupación pero con aun sonriendo. '¡Lo logré!', gritó él y nos abrazamos, recordando cuando de pequeños me tropezaba y él estaba allí para limpiar mi cara lavada en lágrimas. Él cumplió con su promesa, tomando el riesgo de volver a casa por mí, el regreso de mi hermano fue el inicio de una lucha por tener una vida feliz, ayudándome a sacar todo lo que había acumulado a los largo de los años y protegiéndome de lo que fuera necesario. Nuestra familia volvió a unirse y una nueva vida se estaba acercando.

FIN

sábado, 14 de febrero de 2015

Dear Diary ✎ #7

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¡Hola! Estos días pasados de febrero me desconecté bastante de blogger porque comencé el curso de Nivelación de la Facultad de Artes Visuales, pero me mantendré escribiendo y poniéndome al día con las iniciativas, retos y sus blogs. 
Este Dear Diary lo había escrito hace bastante ya pero no me animaba a publicarlo porque aún no escribí el Dear Diary #6 (jeje), pero quería compartirlo igualmente... Espero disfruten de este personaje como yo disfrute de escribirlo y re-leerlo.


Personaje de Dear Diary n°7
❝ Chica de 18 años parada en una habitación vacía.
A su alrededor se apilan cajas.❞
Querido Diario:

Recuerdo cuántos mundos visité dentro de esta habitación blanca, aún más blanca que la nieve, y aún siento cuando se teñía de colores, dejándome contemplar los lugares más aptos para una aventura, recuerdo cuando en las noches visitaba Roma, París, Tokyo y muchas otras ciudades de este u otros mundos, cuando en los días veraniegos el suelo se tornaba en césped y el techo blanco se convertía en un cielo sin nubes con un brillante sol, con las ventanas completamente abiertas para que el fresco aire entrara e inundara la habitación. Recuerdo los días invernales llenos de monstruos de las nieve listos para ser derrotados, los otoños crujientes de suspenso y las primaveras llenas de romance.

Jamás olvidare los días que pase aquí, el tiempo que invertí en cada segundo de lectura, en cada página de aventuras, en el momento en el que escribí por primera vez y transforme las paredes blancas en el más extraordinario escenario que algunas vez imaginé. Aquí nació mi yo lectora, que no podía vivir sin comer libros, sin absorber cada palabra que estos contenían. Aquí nació mi yo escritora, que no dejaba de escribir y crear nuevos mundos para transformar lo absorbido en algo nuevo y más lleno de vida.

Ahora cada caja de cartón intenta llenar el vacío que comienza a inundar esta gran caja blanca, conteniendo los mejores años de mi vida, pero hoy doy un paso hacía delante, hoy comienzo un nuevo libro de la saga de mi vida, así que mientras te escribo, mi familia me espera afuera para dejar que la mudanza comience. Sólo quería contarte, querido diario, que siempre me has acompañado, que a partir de hoy podré disfrutar de una nueva caja más grande y con más colores, que me permitirá conocer nuevos mundos y nuevos personajes en la aventura que comienza en mi vida.  Y espero contarte aún más en otro día, cuando sienta la necesidad de detallarte cada suceso de mi día a día como una joven de 19 años universitaria.

Hasta pronto, mi fiel compañero.


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