domingo, 8 de noviembre de 2015

Dear Diary ✎ # 10

¡Hola, gente sigilosa!
Les traigo una nueva entrada de esta iniciativa que comencé hará por el año pasado (sí, super lenta con estas cosas) pero impresionantemente está llegando a su fin, pues falta un diario más nomas... Así que mientras comienzo a ver qué será de mi con ese último diario, disfruten de éste nuevo personaje, que me ha hecho pensar un poco de los viajes a los que nos llevaba mi padre cuando era pequeña (jej).
Para más información acerca de la iniciativa,
consulta la sección en el blog o la entrada original.
❝ El cielo azul esta adornado por un sol inmenso, brillante y reconfortante. Un muchacho corre por un camino de arena, levantando polvo, con una rama en la mano, hasta que llega a un río. ❞
Querido Diario:

Hace días que he estado soñando con mi infancia, sin comprender si era por los problemas que habían surgido con mi esposa, por mi trabajo o por los que les colocan a mis hijos en la escuela, todos acumulándose en casa. Pero la cosa era que había recordado un día en especial de mi infancia, uno de muchos pues tuve una buena infancia sin importar cómo fueron las siguientes etapas de mi vida.

Había sido un extraordinario día con un sol caliente, brillante y agradable, sin nubes que lo escondieran y con un aire no demasiado fresco pero tampoco caliente. Acababa de cumplir 8 años y era un viaje especial para mí, pues habían pasado varios años desde que habíamos hecho un viaje en familia al río en las sierras. La última vez que habíamos ido era tan pequeño que casi no recordaba nada y ya podía correr por todos lados sin los gritos de terror de mi madre, siempre cuidadosa de un posible peligro, diciendo que no fuera por allí o que no me metiera por otro lado.

En la mañana de ese día había decidido jugar con mi hermanito, así que apenas bajamos del coche, nos sacamos la ropa que luego deberíamos ponernos de nuevo, simplemente quedando en bermudas. No le dimos mucha atención a nuestro padre cerrando las ventanas del auto y a mamá sacando nuestros juguetes de playa, toallas y la nevera de este. Corrimos por el camino de arena con nuestros pies descalzos en dirección al río, dejando un rastro de polvo por detrás y quemándonos un poco los pies por lo tibio que estaba el suelo. Deteniéndonos a mitad de camino al encontrar un rama perfecta, hice una pose de guerrero y blandí mi recién adquirida espada de madera. Marché lo que nos quedaba de camino hasta el río entre gritos y risas, con mi hermanito imitándome por detrás con los brazos en alto.

Aún no habíamos llegado al borde del río y ya lo podía ver brillar por la luz solar, descubriendo su agua cristalina al dar un salto dentro para salpicar completamente a mi hermano. Siempre recordaría con gracia la impresionante cara de sorpresa que puso en ese momento, todo mojado y temblando por el aire que le traspasó. No podía evitar no reírme y aunque clavó una mirada de enojo sobre mi, terminó saltando al agua para reír conmigo. Disfrutamos juntos ese instante como una buena familia aprovechando de un hermoso día y creamos buenos recuerdos que guardaríamos siempre en nuestros corazones.

El simple hecho de soñar con días así y recordarlos tan vivos hizo surgir en mi el deseo de poder experimentar días como estos  o mucho mejores con mi propia familia. Por ello, entre mis pequeños tiempos libres en la oficina y un pequeño ahorro de mi parte, planeé cuidadosamente algo impresionante para unirnos más y poder demostrarles cuán importantes son para mi. Espero la suerte esté de nuestro lado en nuestras próximas vacaciones para que todo salga bien en el viaje a las sierras. También, intentaré mantenerte más al día a partir de ahora.

Hasta pronto.
Créditos a DonVago

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