Finales alternos, ¿cuál elegirás?


Fue un amor a primera vista. En el momento en el que nuestros ojos se cruzaron, nuestras almas se conectaron. En ese vasto paisaje verde con una tonalidad anaranjada por el atardecer, nos conocimos. Pero nuestro amor no podía ser. Él estaba atado a alguien más, a pesar de no ser nada real. Era una relación sin título, no eran amigos, novios, amantes, pareja ni estaban casados. No eran nada, pero él tenía la obligación de permanecer junto a ella. 

Ella no sentía nada hacía él y ésta nada hacia ella. Solo su sangre los relacionaba y permitía que sus vidas se cruzaran. Él había nacido para cuidarla. Debía protegerla hasta en su muerte, vivir junto a ella. Incluso verla armar una familia y verla feliz junto a esta por años. Feliz hasta que se quebró con la muerte de su marido, quedando con su único hijo.

Aquí estoy yo. En esta iglesia de piedra con un agujero de acantilado atravesándola. Era una caída libre al mar. Momentos antes, el hijo de esa mujer había tropezado mientras corría y caído en el acantilado. Ella, histérica, corrió hacía allí para seguir el mismo destino de su amado hijo. Pero él... Él corrió detrás de ella. Y aquí estoy yo, sosteniendo fuertemente la mano de mi amado que sostiene la mano de ella..

"¡No te soltaré jamás, así que, por favor, no lo hagas!", le decía gritando. Más él solo me observaba con una mirada triste y una sonrisa tenue. Entonces, esa mujer perdida en la nada se soltó y él...

la siguió... Varios años después, aún continúo trayendo flores a este lugar. Ahora acompañada por mi joven hijo que lleva su nombre. No sabrá la historia completa de su padre porque no deseo que le guarde rencor. Sin embargo, me acompaña la culpa de no haber sido más fuerte que su destino.










la observó caer... Y con la fuerza que me quedaba lo logré levantar nuevamente. Él con una mirada perdida me miró sin saber qué decir. Mientras, yo lloraba como una niña a la que le quitaban lo más preciado.

"Libre... ¿Soy libre?", me preguntaba con sus ojos lagrimeando y una mirada perdida en el horizonte.

"Sí.", le dije entre sollozos. Él me abrazó fuertemente y yo también le abracé. A partir de ese día ambos fuimos libres de amarnos, de crecer y seguir adelante. Celebramos nuestro casamiento. Tuvimos dos hijos y una hija. Vivimos felizmente hasta el último día  y tuvimos una larga vida prospera juntos...

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